Dra. Moraima Mundo Ríos, especialista de idiomas


Cuando se estudia el idioma español, es natural realizar múltiples alusiones a las academias de la lengua. Este hecho sucede, tal vez, sin pensar que antes de la existencia de estas instituciones, hubo estudiosos que se encargaron de salvaguardar el lenguaje durante sus inicios. Este es el caso de Antonio de Nebrija, humanista español y propulsor de las lenguas latina y castellana en el siglo XV.

Descubra algunos detalles sobre la labor encomiable de esta figura icónica.

  • Publica el primer libro de gramática en la Península Ibérica. En el año 1492, Nebrija obtiene el apoyo de los Reyes Católicos para publicar la Gramática Castellana. La obra marca un punto significativo para la producción literaria del autor por ser uno de los textos pioneros que abordan elementos lingüísticos del idioma consolidado bajo las Coronas de Castilla y Aragón. La obra se divide en cinco libros. Los primeros cuatro hacen referencia a aspectos ortográficos, etimológicos, fonológicos y morfológicos. La última sección de la obra está dedicada a las personas no nativas del castellano, interesadas en aprenderlo como idioma extranjero. En este sentido, el letrado innova al brindar una visión de la lengua en proceso de fortalecimiento y al abrir las puertas del castellano al mundo.
  • Promueve los estándares lingüísticos. En la Gramática Castellana, se confirma un trazo de lo que sería el fundamento de un idioma normativo. Se podría ratificar que, para Antonio de Nebrija, la idea de prescripción lingüística funciona de manera cónsona con el proyecto de expansión del imperio. De hecho, en el prólogo del libro, el escritor brinda su perspectiva al declarar que “siempre la lengua fue compañera del imperio” (a.ii.). Esta frase célebre evidencia que los idiomas poseen una conexión estrecha con su territorio. Ambos componentes se deben integrar para brindar una cohesión nacional.
  • Fomenta la importancia del aprendizaje del latín y castellano. El autor andaluz no solo sienta las bases de la gramática del español, sino que también respaldó consistentemente la necesidad de estudiar latín. En la visión del escritor, ambas lenguas se consideran esenciales, puesto que una tenía relación con la otra. La capacidad de instruirse tanto en latín como en español implicaría un entendimiento profundo de las culturas clásicas del pasado y de lo que se estaba viviendo el presente.

Como se observa, el académico dejó un legado incalculable a través del tiempo. Esta figura, además de influenciar en el reconocimiento del castellano como una lengua vernácula, también colocó los primeros peldaños de cómo se atenderían las normativas del lenguaje.

Nebrija transmite la idea de la naturaleza vivaz del idioma y de su característica evolutiva. Sin duda alguna, el estudioso debe ser un referente importante al aprender acerca del idioma con el que coexistimos.

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© imagen: El Peruano

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