Por Prof. Gabriel Paizy

El Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico (2005), publicado por la Academia Puertorriqueña de la Lengua, tiene sobre 18 mil palabras y expresiones que solo nosotros, los boricuas, comprendemos.  Si entras a su página electrónica www.tesoro.pr, el número de puertorriqueñismos registrados ya suma más de 28 mil.  ¡Parece un idioma aparte!

Y es que nosotros, simplemente, no lo decimos igual.

¿Por qué ‘caernos’, si podemos ‘escocotarnos’?  Suena mucho más contundente la caída, ¿no crees?  Es posible que nos recuerde la idea de un coco que cae de una palma: se ‘esCOCOta’. 

Una de mis favoritas es la palabra ‘chinchorreo’, esa maravillosa acción de salir con amigos, de negocio en negocio, a comer frituras y tomar una que otra cerveza.  El centro de la isla es una fuente inagotable de estos típicos lugares en donde puedes parar, bajarte, disfrutar de la brisa campesina y pasarla bien. 

Y cuando hablamos de ‘la isla’, aquí nos solemos referir a los pueblos y ciudades que están fuera del área metropolitana.  Tal vez recuerdes las famosas guías telefónicas que estaban divididas entre Área Metro e Isla.  Somos los únicos que hacemos esa diferenciación.  ¿Por qué?  ¿No somos todos parte de una misma isla?  La explicación es, puramente, geográfica e histórica.  Resulta que, en el origen, la capital de Puerto Rico se centraba en los habitantes del Viejo San Juan, localizada en un islote y separada del resto de la isla.  Es por eso que, en aquella época, cuando alguien iba de la capital para el campo, debía cruzar el puente que conecta el islote de San Juan con la isla grande.  Iban de la capital… a la isla.  Hoy día, por costumbre, hemos seguido con esa tradición. 

Por su parte, también continuamos con ciertas palabras que heredamos de nuestro pasado español.  Si te fijas, todavía llamamos ciertas monedas y billetes con los términos que usábamos bajo la corona española.  Al dólar estadounidense le decimos ‘peso’, mientras que a la moneda de 25 centavos le llamamos ‘peseta’ y al de 5 centavos le decimos ‘vellón’ (excepto en Ponce, que le llaman ‘ficha’).  Todas esas palabras se refieren a los nombres del dinero en España durante la época en que éramos su colonia.  Lo interesante es que, hoy día, ni siquiera los españoles usan esos términos en su vocabulario cotidiano.

Otra palabra muy nuestra y que tiene una razón histórica es ‘límber’, para referirnos a esos jugos congelados de diversos sabores.  Esa palabra se la debemos al famoso aviador Charles Lindbergh, el primero en cruzar en solitario el Atlántico en su avión Spirit of St. Louis a principios de la década de los veinte.  Pues resulta que vino a Puerto Rico en 1928 como parte de un viaje que él llamó “de buena voluntad” por América Latina.  Cuando aterrizó en los terrenos de El Escambrón en San Juan, había una muchedumbre deseosa de conocerlo.  ¡Qué grande fue la decepción de los puertorriqueños cuando se dieron cuenta de lo antipático que era Lindbergh!  Apenas sonreía y se negó a acompañar a la reina del carnaval para bailar con ella en una recepción que se había coordinado en su honor.  Al final, los puertorriqueños, cuando se tomaban aquella bebida congelada, decían: “Ay, este jugo es tan frío como ‘Límber’”.  Ahí nació el ‘límber’. 

En definitiva, debemos sentirnos orgullosos de nuestra manera de hablar.  Nuestras palabras y expresiones únicas son parte de lo que nos distingue como puertorriqueños.  Son parte de nuestra historia y cultura.  ¡Amemos nuestro español boricua!

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