Por Mónica Otero Rodríguez
El cerebro es una maravilla de la naturaleza y sin duda nos convierte en los seres más
inteligente del planeta, pero ¿qué sucede con la verdad? Los seres más inteligentes del planeta tienen una mente poderosa; sin embargo, no pueden asimilarla. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué no queremos saber la verdad de lo que realmente pasa alrededor de nosotros? Nos pasa que le tenemos miedo a la realidad y la mayor parte del tiempo, tratamos de evitarla para no dañar nuestro estado mental o emocional. Decir la verdad sin aviso puede llegar a lastimar al receptor. Él miedo puede ser un factor fundamental para no querer saber la verdad, pero se piensa que debe de haber algo más para no corresponder a la verdad. De acuerdo con el video “A nadie le importa la verdad”, de Rocío Vidal:
El ser humano tiene algo conocido como el sesgo de confirmación. Este concepto está relacionado con el pensamiento final que utilizamos para hacer más eficientes y entender la realidad mejor, así como con la confirmación de ideas previas. El cerebro rechaza todo lo que vea extraño o que confronte las ideas. El cerebro se alimenta de lo que se conoce, rechazando la información correcta. El sesgo de confirmación sale de las creencias, prejuicios y de la visión distorsionada de la realidad.
Por otra parte, el psicólogo Jonathan Haidt nos dice que “la mayoría de las personas no
buscamos la verdad, sino que tratamos de refirmas nuestras opiniones”. Cómo se había
mencionado, el cerebro se alimenta de lo que ya conoce. Básicamente, el humano se ha
convertido en esclavos de sus opiniones. Por ello, tanto la política como la religión dividen a las personas más racionales ya que, aunque, se tenga toda la información el pensamiento crítico de los individuos, no actúa como se supone. Si no se acepta la realidad y se desea que las cosas sean distintas, el humano se condena a sufrir inútilmente. En realidad, ese es el resultado de las recciones emocionales, actitudes y pensamientos.
El filósofo griego Sócrates nos dice: “Si no consigues lo que quieres sufre; si consigues lo
que no quieres sufres, incluso cuando ya obtienes lo que realmente quieres sigues sufriendo porque sabes que no podrás tenerlo para siempre. Tu mente crea esta situación (El prado psicológico, 2024). Se puede entender que subestimamos nuestra felicidad cuándo algo no nos satisface y corremos un riesgo de estar toda una vida esperando por algo mejor. Un gran ejemplo de esto es que las personas esperan que su vida cambie a causa de un trabajo mejor o cuando consigan a su media naranja. Las personas creen que por obtener cosas la vida les va a ir mejor. No obstante, lo que causan una escena irreal dejándolos con ansias. El problema es que se suele sobrestimar la felicidad. Si no se acepta el presente y se vive esperando un futuro mejor, esto puede llevar al bovarismo que se debe al contrasté entre nuestras ilusiones y nuestra realidad. Al igual que el miedo, la frustración puede ser fundamental para no vivir la realidad. Esto es debido a que la frustración suele depender de nuestras expectativas. Por ejemplo, si se alimenta el cerebro con expectativas irreales y no se cumplen como en verdad se quiere, el individuo se sentirá frustrado e insatisfecho. Si se admite la realidad tal y como es, ayudaría a enfrentar contratiempos arriesgados con serenidad. Cuando se reconoce la realidad se da el primer paso para reestablecer el equilibrio en la vida. Un paso grande que ayudaría al humano es dejar de identificarse con situaciones determinadas y liberarse de los sentimientos que le hacen daño. ¿Cómo aceptamos la realidad o la verdad, entonces? La persona no debería de ahogarse en las quejas; hay que tratar de siempre buscar una solución positiva. Es necesario aprender a dejar ir. Esto puede ser un poco complicado o hasta doloroso, pero no siempre se pueden cambiar las situaciones, ya que el nivel de control sobre lo ocurrido es limitado.
Por último, es importante practicar la gratitud. Si el individuo se centra en los sucesos
que no tiene no se daría cuenta de las cosas valiosas que lo rodean. Llevar un diario de la gratitud es una excelente herramienta para fijarse en todo aquello que se tiene y que se aprecia. No solo le tenemos miedo a la verdad o realidad, sino que cuesta asimilarla, pues se hace difícil entrar otra información cuando ya se guardaban otras expectativas hechas, lo cual causa muchas frustraciones cuando las ideas se alteran.
Este texto recibió una Mención de Honor en la categoría Ensayo del Segundo Certamen Literario (2024) de Educación General y el Laboratorio de Idiomas de la Universidad del Sagrado Corazón.
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